Corazón de alcachofa

alcachofa (2)

Mi relación con las alcachofas empezó un buen día que mi padre estaba preparando una paella. Tenía más hambre que el tamagotchi de un sordo y se me ocurrió pegar un mordisco a una de esas hojas verdes a medio hacer que estaba preparando para el sofrito. Aquel sabor amargo y el trago de agua de después se quedaron grabados en mi memoria gastronómica por siempre. Y es que su duro sabor unido al dulce que se produce después de beber agua son una combinación única, que no ocurre en ningún otro vegetal, ¿saben por qué? ¡Esperen! Antes de contarles el secreto, se estarán preguntado a qué santo vengo yo ahora con alcauciles, como dicen en el sur. Todo tiene una explicación, queridos míos. Así que, si quieren saber más sigan leyendo.  Sigue leyendo