La vida sin lácteos

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Ya saben que hace unos cuantos meses me cambió la vida, no sólo por convertirme en madre, sino también porque una supuesta alergia del pequeño a la proteína de vaca me condicionó a no tomar nada que la llevase. Seguro que muchos pensarán que se puede vivir sin leche. Sí, se puede. Pero no es fácil, señores. La dichosa proteína está en los sitios más inesperados. Está evidentemente en los quesos, los yogures, las mantequillas y las natas, a todos nos han enseñado los derivados básicos. Pero también en toda clase de galletas, snacks, algunos panes y casi todos los embutidos. He pasado un verano sin helados. Ni sorbetes. Y claramente no ha sido lo mismo.

No sé a cuántos de mis lectores pueda interesar este post, pero quizás haya alguien que, tal y como nos pasó a nosotros, se vea en un momento de desinformación y dudas, con un niño llorón bajo el brazo, que no ganó peso en casi un mes de vida. Con sesiones antigases tarde sí, tarde también. La piel escamada y los ojos irritados. Él y nosotros. Mi niño bombón se había ido convirtiendo poco a poco en una pasa arrugada.

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Madre primeriza, mis cambios

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Ayer fue el día de la madre y me dio por pensar que en esto de ser madres se nos educa pronto, mal y poco. Nos arrean de pequeñas el nenuco y a hacer prácticas. Sí. Pero de mentiras. Ese nenuco, nancy o barriguita no se le parece a ningún niño real que yo conozca. Seguro que recordarán aquella mítica frase de “los animales nacen, crecen, se reproducen y mueren”, que rezábamos antes del examen de “naturales”. Y el hombre es un animal.

Naces y te tiran así al mundo. Desnudo. Sin poder hablar ni comunicarte. Bueno, te dejan una cuerda vocal conectada para que puedas reproducir un llanto. Llanto, que poco a poco vas perfeccionando para darle un tono al hambre, otro al sueño y uno más para el pañal sucio. Necesidades vitales.

Creces, dándote tortazos por todas partes. Experiencia de vida, le llaman. Para cuando te quieres espabilar te ves matriculándote en la Universidad de Sinsinati.

Te reproduces, con suerte. Porque señores, aquí a una le ha costado lo suyo. Toda la vida pensando en la menstrualidad y en que como me descuidase un poco y tuviese una noche ligerita de cascos me iba a ver con un bombo como el de la Lotería Nacional y nada más lejos de la realidad.

Y mueres. No se puede evitar. Sigue leyendo

Carta al 2016

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Estimados lectores,

Perdonen que les moleste a estas horas. Seguramente les pille calzándose algo rojo, acicalándose la melena o el bigote. Metiendo la merluza en el horno. Dando el último toque a la porrusalda. O subiéndose en los tacones. Casi listos para dar lo mejor de si mismos en la despedida de este año. No quería despedirme sin agradecerles cuánto me han dado y sin compartirles mi carta más personal dedicada a este año que se marcha.

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Halloween: disfraces, deco y recetas

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Dos semanas de desconexión de este humilde blog y ya me siento oxidada. Me pesan las teclas. Les prometo que me ha costado encontrar un tema del que hablar desde aquel “hola, octubre”. La llegada de minimaple se va haciendo cada vez más presente y hay que ir tomando decisiones y preparando algunas cosas que me restan tiempo y energía. Por eso, no se asusten si en la siguiente entrada ya les estoy hablando del puerperio.

Entre tanto, Halloween se ha colado en mi vida. Como quien no quiere la cosa. Por la tarde me vi rodeada de esqueletos y calaveras mientras hacía la compra y por la noche nos empapamos el primer capítulo de la nueva temporada de “The Walking Dead”. Casi se me sale el niño. Así que, sucumbiendo a los encantos de esta fiesta que goza con más adeptos que la de llevar flores a nuestros muertos, aquí tienen unas cuantas ideas de disfraces, decoración y recetas para los que quieran festejar la noche más terrorífica del año. Sigue leyendo

De vuelta (y media)

Siempre que vuelve septiembre quiero poner orden a mi vida, mis ideas, mi casa, mi rutina. Sin embargo, este año quiero hacerlo todo de otro modo, de una manera lenta pero segura. No dejando que la pereza campe a sus anchas, pero tampoco que Doña Histérica se presente a la mínima en mi portal.

El verano no ha sido precisamente slow, aunque he desconectado de todo al 100%, algo que me tiene tremendamente contenta. Un viaje de 16 días a Japón donde todo ha salido estupendamente, otros 6 días de playa y sol con la familia y otros 4 en Italia para asistir a la boda de una amiga. Desde luego, he estirado las vacaciones al máximo. Entre tanto, la proeza ha estado en combinar todas estas situaciones con un embarazo que va al galope. Por que sí, señores y señoras, la menda espera un mini-Maple en cuestión de 5 meses.

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inspirado en La Volatil, de Agustina Guerrero

La historia es larga y me daría para otro capítulo, pero a los pocos días de reservar los billetes y planificar un verano muy diferente, aparecieron las dos rayas rosas. La cuestión es que me he plantado en la semana 18 (cuarto mes de embarazo, para los que lo quieren en cristiano) y en febrero, si todo va bien, estará entre mis brazos. 
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El brunch

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Como de costumbre, el pasado domingo #lamadrequemepario me preguntó por whatsapp qué teníamos pensado hacer. Le dije que me iba de brunch [brAnch] con mis amigos. No sé si fue la inercia o que todavía andaba medio adormilada, pero nada más escribirlo pensé, ya verás. Y en seguida ahí estaba el -¿de queeeé?-, que me temía. Ya que estaba metida en el fango decidí que era mejor explicárselo, o me volvería a pasar más adelante…

pues madre, una comida entre el breakfast (desayuno) y el lunch (almuerzo) que se han inventando los ingleses. Breakfast+ lunch= brunch

Tras esto, arriba de la ventana aparecía el típico “escribiendo…” que se dilató durante más de 2 minutos. No me pregunten si se entretuvo buscando en la wikipedia o estaba pensando qué responder. Lo cierto, es que me espetó un “pues que aproveche”, con lo que debió de entender que la cosa iba de zampar. Esa es mi madre.  Sigue leyendo

Camino a una agenda más bonita

Hace poco más de un año, estaba yo en un momento un tanto perdido. Entonces tocó a mi puerta un cartero virtual, que traía un correo de la escuela de Jackie Rueda. Ahí se anunciaba un curso llamado Memorable. Sí. Memorable. ¿No les parece una palabra hermosa? Quizás allí me iban a dar pistas sobre la fortaleza que yo tenía y que andaba algo desgastada. Quizás allí me ayudarían a equilibrar mis ideas y llevarlas a buen puerto. Sin zozobrar. El caso es, que sin saber muy bien cómo, allí se fue embastando este blog, y de este blog nacieron las primeras amistades de pupitre.

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