Cuidado del cabello rizado (Curly Girl Method). Primeros pasos.

Queridos lectores,

Me he decidido a publicar esta información por aquí, amén de que no interese a todos, porque es el medio del que dispongo ahora mismo donde creo que me puedo explicar mejor y donde ustedes podrán también tener una plataforma de comentarios, que seguro ayudará a todos.

Yo nací con el pelo rizado. Y como nos pasó a muchos y muchas, caímos en un mundo donde casi todo estaba pensado para el cabello liso. Así que, la mayoría coincidiremos en que nuestras madres y abuelas (con suerte algún varón) se esforzaban en cepillar y en secar ese pelo para que pareciera decente. Cuando no lo conseguían optaban por cortar por lo sano. Tampoco era mejor remedio, el volumen y el frizz seguían campando a sus anchas y el crecimiento hasta llegar de nuevo a la coleta era una tortura.

Sufrí todo tipo de situaciones. Una vez mi abuela me quemó un brazo tratando de alisarme el pelo con la plancha tradicional, se esmeró en colocarlo en la tabla y puso encima una camiseta, pero no me libré del incidente. Para que no se encrespara nos echaba kilos de brillantina y nos lo pegaba lo más posible a la raíz. Dos minutos en el patio del colegio y su esfuerzo se había ido al garete.

No necesitaba nada de todo aquello. Necesitaba cuidados especiales. Cuidados de pití-miní. Los cabellos rizados tienden a ser secos, les sienta mal que los froten, los estiren, los cepillen o no les den los “alimentos” adecuados. El pelo necesita HIDRATACIÓN, NUTRICIÓN y REPARACIÓN.

Así que, hace cinco meses decidí ver qué pasaba si intentaba dejar a mi cabello ser él mismo. En mi caso partía de un par de taninoplastias (tratamientos químicos para alisar mi cabello) que me fueron fenomenal, pero seguía necesitando pasar la plancha para que el pelo luciese bien. Cuando nació minimaple, se esfumó buena parte del tiempo disponible para mí y, con ello, la hora y media de secado y plancha que necesitaba una melena como la mía para poder salir a la calle. Tenía que optimizar. Me estuve planteando volver al pelo rizado, aprender y poner en práctica lo que empezaba a ser una revolución en la comunidad rizada, el Curly Girl Method. Y aquí estoy para contarles qué he hecho en este tiempo, ahora que empiezo a entenderlo un poco y he comprobado que sí, ¡hay resultados!

Básicamente, el método consiste en eliminar de la rutina de cuidado del cabello rizado todos los componentes de los productos que son poco adecuados para este tipo de cabellos, entre ellos, sulfatos, parabenos, siliconas, ceras y alcoholes. Lavaremos el cabello con productos menos agresivos y emplearemos productos especiales que no contengan estas sustancias que lo resecan aún más.

Espero que los siguientes pasos les sirvan para animarse y hacerles la comprensión más fácil, ya que hay mucha información y, a veces, hasta que nos hacemos con el lenguaje, es muy complicada.

¿Por dónde empezamos?

1º. ADIÓS A LAS SILICONAS. LAVAREMOS EL PELO CON UN CHAMPÚ CON SULFATOS, PERO SIN SILICONAS y eliminaremos todos los productos con siliconas que hayamos estado utilizando hasta el momento (revisar champú, acondicionador, mascarilla, cremas de peinado, geles, espumas, aceites, TODO) Este primer paso puede durar distinto tiempo según cómo se encuentre el cabello. Yo estuve aplicando champú con sulfatos sin siliconas durante 4-5 lavados (2-3 semanas) y después… ¡ciao!

¿Por qué es imprescindible hacer este paso? Porque la única forma de eliminar las siliconas es arrastrándolas con los sulfatos. Si durante un largo tiempo han estado usando champús y productos comerciales, aunque se llamen “especiales para rizos”, “nutritivos”, “sin parabenos”, lo importante es empezar por eliminar las siliconas. No se fíen de que ponga “sin sulfatos”, ni “sin parabenos”, hemos de cercionarnos de que las señoritas siliconas, generalmente acabadas en -cone, -cona, -conol (ej. dimethicone) no están en ninguno de los productos que utilizamos para el cabello. Las siliconas hacen que nuestro pelo se vea sano cuando en realidad no lo está. Se acumulan en la hebra y hay que conseguir retirarlas para que los nutrientes que vamos a empezar a darle al cabello puedan conseguir penetrar. Existen siliconas solubles en agua, pero de momento vamos a quitarlas todas hasta que controlemos más este tema. Ahora mismo se trata de hacerlo lo más sencillo posible.

Sin embargo, los sulfatos son agentes lavantes muy agresivos, y por ello, consiguen eliminar todo tipo de suciedad y resto de productos. Los vamos a necesitar en algunas ocasiones pero, si lavamos el pelo cada dos días con ellos, se llevarán los aceites esenciales de nuestro cuero cabelludo y no harán más que resecar el pelo o hacer que el cuero pueda picar. Así que, a partir de ahora, vamos a dejar su uso sólo para cuando necesitemos lavar en profundidad el cabello, sobre todo si hemos podido utilizar siliconas (p.e. tras teñir), e incluso vamos a intentar prescindir de ellos utilizando productos especiales para clarificar (hacer una limpieza profunda para retirar posible acumulación de productos).

2º LAVAR, ACONDICIONAR, NUTRIR Y DEFINIR EL CABELLO CON PRODUCTOS APTOS.

Los pasos serían:

1º.- Lavar con champú apto o hacer co-wash (acondicionador especial para lavado). En los primeros pasos empezaría por un champú tradicional y un poquito más adelante les hablaría del co-wash. Existen acondicionadores especiales para lavar. ¿Un acondicionador? Sí.

2º.- Poner mascarilla y dejarla bastante rato, en mi caso 30 minutos mínimo cuando la pongo después del lavado. Tenga en cuenta que más tiempo la dejemos, más peso aportará al pelo, así que si el cabello es fino el tiempo se puede reducir para no verlo apelmazado. La mascarilla siempre se retira por lo que después toca enjuagar, si es posible con agua fría.

*se pueden aplicar las mascarillas antes del lavado (esto se llama pre-poo) pero lo dejamos para capítulos más avanzados.

3º.- Acondicionar, puede ser un acondicionador que luego se retire con agua o bien lo que se llama leave-in, que es un acondicionador que ya no se retira. De nuevo, cuanto menos peso queramos para nuestro cabello menos rato dejaremos el acondicionador e incluso se desaconsejaría el leave-in.

4º.- Aplicar un gel fijador-definidor de los rizos. Éste sería el gran caballo de batalla. Hay millones de geles distintos.

5º.- Sellar con un aceite. Se frota el aceite entre las manos y se pasa con las manos como si estuviésemos rezando entre los cabellos. Este paso yo lo realizo después del secado, pero hay gente que lo introduce antes del gel incluso.

Todos estos productos se colocan con el pelo “chorreando” y deben ser aptos.

Los productos aptos son simplemente aquellos que no llevan los componentes que he mencionado al principio, aunque hay mucha ciencia detrás de todo esto. Si llegado a este paso necesita avanzar más, le recomiendo la cuenta de @rizoingredientes.

Productos aptos los hay de muchas marcas, tipologías y precios, pero no quisiera hablar en este post de productos concretos. Si hay una máxima cuando estamos empezando es probar qué productos nos van mejor. Hay cientos. Y es muy fácil volverse loco. Antes de empezar a comprar, les aconsejo mirar y sobre todo comprar muestras en webs que lo permiten, como @talakupeloafro o @rizadoafroymas. Me consta que, al menos en Talaku, hay asesoramiento gratuito y pueden contactar con ellos para que les digan qué productos serían los más adecuados según su tipo de cabello.

Si quieren pueden empezar también por algún producto low cost. En primor, druni, tienen de varias marcas. Yo por desconocimiento, me fui a productos de gama media-alta de las marcas Shea Moisture y Cantú, compré el gel fijador de Cocunat y el serum de la misma marca, también me hice con una mascarilla y gel de @biosakure. Pero después de probar varios geles, el que mejor me funciona es el kinky curly, sobre todo porque no tiene glicerina, que es el componente que hace que el pelo se vea con más frizz (o encrespamiento) en sitios con humedad alta (como Valencia). De verdad, que en cuestión de productos todo es probar y probar hasta dar con lo que mejor funcione.

3er PASO. SECAR EL PELO y MANTENERLO BONITO.

Una vez terminamos de aplicar los productos, secaremos el cabello. Necesitaremos una toalla de microfibra (hay en los supermercados) o una camiseta vieja de algodón. Esto es fundamental, cambia mucho el resultado. El pelo chorreando se lleva a la toalla, hay que intentar estrujarlo lo mínimo posible en la ducha.

Yo suelo dejar el pelo enrollado en la toalla con los productos puestos un ratito (5-6 min) antes de secar. El secado lo hago con un difusor, en este caso el secador-difusor Bellissima, porque da calor pero no echa aire, con lo que el pelo se “bufa” menos. Pero con cualquier difusor, e incluso si no tienen difusor con un colador y el secador, se puede conseguir un efecto parecido.

El pelo se secará siempre despacio, con la mínima potencia de calor.

A veces aplico un poquito más de producto cuando el pelo está seco al 50%. Aquí es donde me gusta usar el gel de @cocunat, ya que es un gel que fija poco pero hidrata. Terminamos de secar o dejo secar al aire.

Una vez seco, si noto que el pelo ha quedado con ese efecto “acartonado”, o lo que se llama “cast”, paso un poco de aceite, que caliento previamente entre mis manos, como rezando, con el pelo entre mis palmas. Esto consigue romper ese efecto duro y hace los rizos más bonitos y brillantes.

Para mantener los rizos no hago nada especial, cuando puedo coloco una funda de almohada de satén (las mías son de zara home) y es verdad que los rizos amanecen con menos frizz y el cambio es notable. Por la mañana los rehidrato con un poco de agua entre las manos y a volar.

Espero que no se haya hecho muy pesado. A raíz de sus comentarios puedo seguir contándoles cosas. Hay mucho más pero el objetivo es que se animen a empezar. ¡Les leo más abajo!

Siempre suya,

Mrs. Maple

La historia de Catalina

La historia de Catalina

Hace mucho mucho tiempo que no escribía en este blog. Hoy vuelvo con algo diferente, la historia de Catalina. Si no me siguen en instagram, no habrán tenido noticias de ella. Les cuento. Hace unos días se me ocurrió jugar al Cadáver Exquisito, a través de una foto en mi perfil. La foto reflejaba la imagen de una mujer pintada en tinta negra por Esther Gili. Una obra original que le compré el mes pasado y que cuando llegó a casa me pareció de una fuerza tremenda. Quería darle una historia a aquella mujer y no se me ocurrió mejor modo que a través de la participación voluntaria en redes. Así que aquí está. Ésta es la historia que hemos construido entre todas.

Era una fría mañana de nubes negras cuando, paseando por la calle con un viento gélido, una mujer misteriosa apareció frente a la librería de la esquina, con el aire meciendo su melena. Tenía la mirada perdida, pero el paso decidido. Se llamaba Catalina, como la luna. Su abuelo le había puesto ese nombre cuando fue a darle de alta en el registro. Y allí estaba, frente a la librería, decidida a cambiar su destino y el de otras como ella. Desde pequeña su abuelo había sido quien le leía cuentos. Por Sant Jordi, en vez de una rosa, le regalaba libros. Así pues, no era de extrañar que estuviera aquel día allí.

Con la mano en el bolsillo agarró fuertemente aquel último libro que le regaló como si de un amuleto mágico se tratase, lo llevaba con ella en cada aventura y sabía que guiaría su rumbo. Abrió al azar en alguna página, siempre hacía eso cuando necesitaba una señal del destino, era como comunicarse con su abuelo, pero lo que leyó la dejó con la boca abierta. Había leído ese libro decenas de veces, pero se abrió en una página nueva, una página en blanco en medio de la historia donde ella iba a empezar a escribir la suya propia, aunque aún no lo sabía. Entonces se abrió la puerta de la librería y la vieja librera apareció con un gato entre los pies, una taza de café humeante entre las manos y una expresión divertida en el rostro.

– Pasa, niña, no te quedes ahí como un pasmarote -le dijo.

Sonrió y se acercó tímida pero decidida hacia la entrada. De la librería salía ese olor a papel que le encantaba y que tantos recuerdos le traía, pero al pasar la puerta lo que se encontró la dejó con la boca abierta. No era una librería como las demás, se encontró en medio de un vestíbulo octogonal, repleto de libros y objetos un tanto extraños que daba paso a un pasillo tan largo que no era capaz de distinguir el final. Ante la curiosidad, echó a andar por el pasillo y cuál fue su sorpresa cuando descubrió que era la librería de todos los libros olvidados, y la mujer, que hacía las veces de librera y que los custodiaba día y noche, de pronto comenzó a extender un par de alas casi blancas mientras ella abría la boca todavía un poco más. La mujer miró a Catalina a los ojos y, sin decir nada, se dio la vuelta y se adentró en el largo pasillo. Catalina se sintió atraída por la mujer y la belleza de sus alas y la siguió hasta que ambas se detuvieron delante de una estantería.

– Todo el mundo tiene un libro especial -dijo la librera-. Ese que en un momento dado nos saca de la oscuridad, aquel que con una frase de repente da sentido a nuestras vidas o respuesta a nuestras eternas preguntas. A veces la gente se olvida de ese libro y aquí es justamente donde van a parar todos esos libros que fueron especiales para alguien para luego ser olvidados. Observa, Catalina, esta es tu estantería, aquí se encuentran todos los libros que has leído desde tu infancia.

Catalina cerró los ojos, una lágrima comenzó a correr por sus aún frías mejillas. ¿Debería dejar en esa estantería el libro de su abuelo? Se dejó caer en aquel suelo frío, sus hombros sacudiéndose por el llanto. ¿Cómo iba a dejar el libro allí? Era lo único que le quedaba de él. En esa duda estaba cuándo algo llamó su atención. Un libro desgastado con letras doradas.

– ¿Por qué dudas? -dijo la librera- Así como todos los libros de tu infancia, lo mejor de este es todo lo que guardas en tus recuerdos.

Catalina, secándose las lágrimas, se acercó lentamente y lo cogió entre sus manos. Cuando lo abrió fue como si toda la sala quedase iluminada. Catalina miró a la anciana, ella le sonreía amablemente y Catalina entendió que aquel libro era para ella. Pero, ¿por qué no estaba en la estantería con los demás? ¿Qué podía significar? Sin saberlo, la librera le había mostrado un pedacito del universo que creía haber perdido junto a su abuelo, esas letras doradas, quizá no tenían un sentido literal para los demás lectores, pero para ella…

De pronto, se abrió la puerta entrando un fuerte vendaval. Las luces se apagaron, una de las librerías calló al suelo. – ¡Corre! -dijo la librera. Un vendaval de páginas arrancadas entró con furia empujando la puerta principal. Más tarde Catalina se enteraría de que esas páginas en concreto formaban parte de todos aquellos parágrafos y recuerdos que, con dolor, alguien había querido borrar de su memoria. La anciana tomó a Catalina de la mano con fuerza y calidez.

– ¡Qué extraño! -pensó la joven. Y la llevó a un pasadizo tras una pared.

– Aquí estaremos a salvo -dijo la misteriosa anciana-. Tu visita no es casualidad, ¿cómo supiste llegar hasta aquí?

– La dirección estaba inscrita en el libro que me regaló mi abuelo.

– Bueno, aprovechemos ahora que estamos aquí, quiero contarte algo que deberías saber hace mucho tiempo -dijo la anciana a Catalina en voz baja -. Si has llegado hasta aquí, no es casualidad… Catalina, a veces creemos perder el rumbo y de repente, sin saber muy bien cómo, estamos justo donde debemos estar. Que tú estés aquí hoy, no es más que una CAUSALIDAD. Tu abuelo era muy especial, y no solo por los motivos que tú piensas, aparte de ser buena persona, amable, en realidad él nunca se ha ido, sigue aquí en estos pasadizos. Fingió su muerte porque querían hacerle daño y temía por tu vida. Tu abuelo y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, y es él el que te ha traído hasta aquí. Ahora te vas a reunir con él y podrás comprender el motivo de su ausencia. Sígueme -dijo la anciana.

Entonces la anciana inclinó un libro de la estantería que tenía delante suyo y la estantería entera se abrió como una puerta, dejando entrever una sala con un sillón orejero de terciopelo verde botella colocado de espaldas a ellas, donde se intuía a alguien sentado leyendo. Catalina se acercó lenta y sigilosamente al sillón para descubrir en él a su abuelo, que al verla dejó el libro que leía abierto y boca abajo en el reposabrazos. De repente, Catalina despertó. Todo había sido un sueño. Con los ojos aún somnolientos miró el reloj de la mesita de noche y vio algo que se reflejaba al lado. Encendió la luz. Era el libro de letras doradas. Estaba ahí…

Incorporándose entre las almohadas, cogió el libro y acarició la portada. Era un libro gastado pero muy vivido.  Lo abrió y de pronto se fijó en que la tapa delantera se despegaba por una esquina. Un papel negro, que había quedado oculto por el encuadernado, se asomaba reclamando atención. Rápidamente lo cogió, buscando la página en blanco que vio en su sueño, pero el libro parecía absolutamente normal. No había ninguna página nueva, ni marca extraña. Un escalofrío la recorrió, sintió pena porque no fuese real y se abrazo al libro con fuerza. Al abrazarlo su habitación cambió y, de repente, se encontró en los pasadizos de su sueño. Pero al contrario del sueño, no había ninguna anciana, ni estantería con libros que abriese ninguna puerta. Tan solo era un pasadizo húmedo, lúgubre y sombrío que se dividía en dos direcciones. Catalina intentó soltar el libro para volver a su habitación, pero no se atrevió. En su sueño se encontraba otra vez con su abuelo. ¿Y si él estaba allí? Tenía que seguir, le seguía necesitando y, además, quería saber qué era todo aquello que estaba pasando y no lograba comprender. Pero, ¿qué camino tomar?

Se dirigió a la izquierda y caminó mucho durante lo que parecieron horas y horas. El pasadizo acababa en una puerta barnizada de color azul y con un pomo de madera. Tenía una ventanita partida en cuatro, con cortinas blancas al otro lado, como las que dibujaba en las casitas cuando era niña. No dudó al abrirla y, de repente, se encontró en medio de un prado. Al fondo, en lo alto de una colina bañada en oro por el otoño, Catalina pudo vislumbrar una figura humana que le resultaba familiar. – ¿Será mi abuelo? -pensó alegre- ¿O tal vez aquella anciana? -le dijo su voz interior.

El sol de un amanecer rosado golpeó sus ojos, no pudo evitar taparse la cara con el libro y, poco a poco, al retirarlo suavemente y con incredulidad, observó la niebla que invadía todo a su alrededor. En aquel silencio podía escuchar el tímido canto de los gorriones, parecía que le daban la bienvenida y el olor a lavanda llenó sus pulmones de vida. Se sentía perdida pero a la vez ese lugar le resultaba familiar, ¿sería un lugar de su infancia? 

El silencio. Lo que le gustaba era el silencio. En él encontraba todas las respuestas a sus dudas, a sus miedos. Todas las respuestas a la incertidumbre que le abrumaba cada día.

Todas las mañanas, desde la muerte de su abuelo, se levantaba de un salto, como si de un resorte se tratara. Había mucho ruido a su alrededor. La ciudad se había convertido en una batalla de ruidos donde competían por la rudeza del sonido. Shhh, se decía todos los días desde la muerte de su abuelo. Ahora, en aquel lugar, parecía haberse encontrado. Entre aquel silencio descubrió algunas de las cosas que más le gustaban. Y aquella figura al fondo que le invitaba a seguir.

De repente, extendió el brazo muy lentamente y abrió la mano como invitándole a ir hacia allí. Su abuelo siempre lo hacía cuando paseaban por el parque y aunque Catalina estaba muy asustada, aquel ambiente acogedor que le trasladaba a su infancia le dio el valor que necesitaba para dirigirse hacia él. Sus pies comenzaron a caminar hacia lo alto de la colina, cada vez más deprisa, rozando con sus manos aquellos campos de lavanda. Cuando al final alcanzó la cima, bajó el ritmo. Tenía el corazón acelerado y el estómago con un nudo. Peinó su melena, se sacudió la ropa y cuando alcanzó esa figura misteriosa descubrió a la mujer de la librería, con sus bonitas alas extendidas. No podía ser, estaba segura de que era su abuelo el que la esperaba. Catalina se sentía desilusionada, a la vez que asustada. ¿Qué quería esa mujer de ella?

– No temas Catalina -le dijo la mujer, que seguía con su mano extendida invitándola a ir con ella.

Al acercarse para cogerle la mano, le inundó el olor a café que impregnaba sus vestimentas y comprobó que lo que le habían parecido unas alas eran en realidad dos páginas replegadas cosidas al delantal que llevaba. Allí se agolpaban unas palabras desordenadas. Tan desordenadas que Catalina no lograba encontrar sentido en esas palabras. Pero la anciana le acarició la mejilla con mucha suavidad y dulzura, tal y como lo hacía su abuelo, y le dijo:

– Fíjate bien y lo comprenderás todo. -Catalina se relajó y miró esas hojas pegadas al delantal de la anciana y como por arte de magia comenzaron a moverse como un puzle, llegando a formar una frase en la cual comprendió que su abuelo estaba detrás de todo esto.

Las palabras decían: “Cierra los ojos y toca con dulzura y sin miedo a esta anciana y hallarás la respuesta”. Catalina hizo lo que ponían las hojas y después oyó a su abuelo que decía: “Catalina abre los ojos, por favor”. Cuando ella abrió sus ojos, no podía creer lo que estaba viendo. Comenzó a llorar de alegría y emoción y le dio un fuerte abrazo poniéndose de puntillas. Era él, allí estaba, era su abuelo. La anciana que le iba guiando en sus sueños y tras ese mágico libro no era más que su abuelo. Ella no lograba verlo porque el pensamiento de su muerte le había invadido tanto que no conseguía ver más allá. Y ahora, en el mundo real, Catalina sabe que su abuelo está allí y cuando necesita verlo, coge el libro mágico y recorre el prado en el que él se encuentra rodeado de silencio, olor a lavanda e inundado de una tranquilidad infinita.

Despierta. Tranquila. Catalina oía las sirenas de los coches y el vaivén de la gente. El día comenzaba como otro cualquiera, pero ella era distinta. Sentía una presencia que la arropaba. Pensó en el libro que la acompañaba y en su misteriosa página en blanco. Y sin dudarlo, supo que ahí empezaba su misión. Colocó las mantas sobre su cama, sacó la pluma que guardaba en su mesilla y, colocando con cuidado el libro abierto sobre su regazo, empezó a escribir, mientras sentía su corazón latir, hablar, volar…

Aquí empieza mi historia.

“Era una fría mañana de nubes negras…”

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Quiero dar las gracias a todos los que se animaron a escribir un pedacito. No tenía ni idea de cómo iba a salir el experimento y lo cierto es que durante día y medio me llegaron un montón de sensaciones maravillosas. Les agradezco el respeto, las ganas de seguir, el interés por ver qué pasaba con la historia, las buenas acciones en los pocos momentos que algo se solapó, sus múltiples mensajes de cariño y las felicitaciones por la idea. ¡Fue genial!. Si les ha gustado les leo en los comentarios.

Siempre suya,

Mrs. Maple

Lámina para los felices

lámina felicidad

Últimamente parece que hay días oficiales para todo. Hoy sin ir más lejos, es el Día Europeo de la Solidaridad y Cooperación entre Generaciones y también es el día internacional de la Danza. Por si a alguien le apetece celebrarlo marcándose un plié o un revelé.

Pero el 20 de marzo llamó mi atención. Era el día internacional de la felicidad. Ese estado que todos queremos alcanzar, pero que a veces tanto nos cuesta definir. ¿Qué te hace feliz? ¿qué es para ti la felicidad? y en esas me vi lanzando la pregunta en instagram y recibiendo multitud de respuestas.

Para seguir fomentando la participación y poder sacar conclusiones de qué es aquello que realmente nos hace felices, prometí que habría una sorpresa para todos los comentarios. Les prometo que en ese momento lancé la moneda al aire y no sabía de qué lado iba a caer. Pero según iba bajando hacia mi palma y daba vueltas en el aire, supe que lo que haría sería ilustrar todas aquellas cosas que me fueran diciendo. Ya veríamos cómo.

No ha sido fácil y me ha costado más de lo previsto, sobre todo porque había muchos comentarios y algo que se repetía constantemente, las respuestas eran en plural. La felicidad parece ser un conjunto de pequeñas cosas que nos alegran la vida.

Espero que todos aquellos que participaron se encuentren reflejados entre estos dibujos. Si algo se ha repetido, han sido los momento familiares, las risas, los besos y los abrazos de los niños, pasar tiempo con los suyos, las anécdotas con sus mascotas, los desayunos en familia o al aire libre, las conversaciones diarias en whatsapp. Muchos han resaltado la conexión con la naturaleza, el sol, ver llover, las olas en la playa, un atardecer en el campo. Y otros las cápsulas de felicidad como el orden, el olor de la ropa limpia, las caricias en la espalda, una buena ducha, entrar en una papelería, que la comida nos salga buena o encontrar un chollo. Abajo les agradezco a todos y si quieren leer más comentarios sólo han de buscar esta foto en mi perfil.

@mrs.maple

La descarga tenía un tiempo límite y ha expirado, pero sigan este blog y pronto tendrán más sorpesas.

Los que ya la tienen les recuerdo que hagan buen uso de ella, que es para uso personal y que está prohibido cualquier uso comercial o reproducción de la misma.

Siempre suya,

Mrs. Maple

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Diez ideas para reducir el consumo de plástico

Seguro que se han sorprendido al recibir noticias mías en sus bandejas de entrada y no es para menos. Desde septiembre que no doy señales de vida en esta humilde bitácora. Sigo viva.

Vengo de manera breve a contarles que este año siguen saliendo proyectos bonitos y a compartirles una colaboración que me hizo mucha ilusión y que además es necesaria. Se trata de un artículo ilustrado en la revista digital “Blogirls2.0” y que pueden encontrar en el siguiente enlace. La revista entera no tiene desperdicio, así que les recomiendo música, sofá y manta para disfrutarla. 

Sandra de The WanderingS, quiso que mis ilustraciones acompañaran a un texto escrito por ella, que pretende concienciar de la necesidad de reducir el consumo de plástico en nuestras vidas. Ella forma parte del equipo que conforma la revista y que está íntegramente formado por mujeres, maravillosas y creativas. Todas. 

Desde aquí les agradezco que hayan contado conmigo, pero sobre todo la posibilidad de reivindicar una buena causa, por el futuro de los que vienen detrás de nosotros.  Lean. 

Siempre suya, 

Mrs. Maple

Berenjenas ilustradas

berenjena acuarela

En menudo berenjenal me he metido. Y es que según rezaba en el anterior post, yo tenía que estar publicando una entrada al mes dedicada a los alimentos ilustrados. Sin embargo, por H o por B esto empieza a convertirse en un post con carácter bimensual, con suerte. Les pido disculpas y deseo que la espera valga la pena. Hoy vengo a hablarles de la berenjena. El aperitivo de moda que se encuentra en platos fríos, calientes, como tapa o snack. La vamos a encontrar en su punto óptimo de consumo desde marzo hasta junio, así que vénganse conmigo que les cuento sus propiedades y una receta para chuparse los dedos, que conocimos precisamente una Semana Santa de hace ocho años.  Sigue leyendo

Ideas para organizar un primer cumpleaños

 

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La culpa es de pinterest. Sí, señores. No sé el día que a algún iluminado se le ocurrió crear estos paneles de fotos de revista, pero todo se queda corto al lado de estas galerías de inspiración. Una lo intenta y luego se tiene que decir que la vida está para vivirla. A lo tonto, colección de fotos arriba, colección de fotos abajo, me vi enrolada en un trabajo de party planner en toda regla. En tres semanas tenía que idear una primera fiesta de cumpleaños que ni la Presley. Llegaba el aniversario de mi primogénito y con él, el deber de buena madre de prepararle una fiesta a la altura de la ocasión. Aquí les cuento cómo fue el proceso creativo y les dejo una lista de tiendas e ideas chulas que les garantizará salir en el Hola.  Sigue leyendo

Corazón de alcachofa

alcachofa (2)

Mi relación con las alcachofas empezó un buen día que mi padre estaba preparando una paella. Tenía más hambre que el tamagotchi de un sordo y se me ocurrió pegar un mordisco a una de esas hojas verdes a medio hacer que estaba preparando para el sofrito. Aquel sabor amargo y el trago de agua de después se quedaron grabados en mi memoria gastronómica por siempre. Y es que su duro sabor unido al dulce que se produce después de beber agua son una combinación única, que no ocurre en ningún otro vegetal, ¿saben por qué? ¡Esperen! Antes de contarles el secreto, se estarán preguntado a qué santo vengo yo ahora con alcauciles. Todo tiene una explicación, queridos míos. Así que, si quieren saber más sigan leyendo. Sigue leyendo