Mind the gap

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Este ha sido un verano de los buenos. De esos de antaño que sabían a desayunos de 30 minutos, a largas siestas, al “mamá, me aburro”, al cola-cao de la tarde, a encontrarte arena en las sábanas por la noche, a ver estrellas el día de San Lorenzo, a descubrir un sitio nuevo entre la variedad de lo cotidiano y a encontrarse con un chaparrón inesperado. Un verano de esos de pasar calor y frío al mismo tiempo.

Seguro que para no romper la tradición ya han leído o escuchado alguna noticia relacionada con el “síndrome post-vacacional”. Pero, yo soy de la opinión de que si uno ha conseguido relajarse, disfrutar y olvidarse del tic-tac ritmoso de las horas, no hay crisis que valga. Las vacaciones tienen lo bonito de lo efímero. Si no fuera así, no las desearíamos tanto. Sigue leyendo